ENCAME A LA METROVÍA
Yo estoy firmememente convencido de que las fuerzas del Universo no nos dejarán ser un país desarrollado hasta que aprendamos a palos a vivir como la gente. La historia no miente; a lo largo de la vida republicana ecuatoriana (y me atrevo a pensar que mucho antes, por allá en las épocas de la Gran Colombia) hemos destacado por siempre tener una de las peores y más mensas oposiciones del continente, de esas que en vez de meter miedo dan risa y pena ajena, y te sientes como Zeus con la capacidad de burlarte de ellos con sólo moverlos con tu dedo índice. Y que no se quite el hecho de que el ecuatoriano es una máquina de quejarse.
Recuerdo hace ya varios racimos de años, la ciudadanía reclamaba una forma más efectiva de ejecutarse el transporte urbano, a lo que, según tengo en la memoria, la administración de la Alcaldía de Guayaquil respondió con una inyección de modernismo (no tecnológico, sino una cucharadita a probar a ver a qué te sabe vivir como una persona del siglo 21).
La Metrovía, novedad en una ciudad de Guayaquil, pero ya archi-reconocida en muchísimos países del mundo entero, era la alternativa en cuanto a transporte urbano se refiere. Pero casi instantáneamente, a los pocos momentos de ponerse en funcionamiento, afloró el "sabido", el que la caga todo, ése por el que Sudamérica es reconocido por su reguetón y sus presidentes bufonescos, quejándose del mal servicio de la Metrovía.
En muchos años, confieso, nunca me subí a un Metrovía, no porque no me guste o no necesitara de su servicio, sino porque ustedes comprenderán, yo no quiero saber nada de nadie, no salgo de casa, amo mi hogar, mi reino, mi castillo, no tengo ninguna razón para salir, odio a las personas que me quieren ver, en serio, aléjense. Que odio saber que a veces tengo que salir a comprar un tanque de gas, o que una u otra mujer vive al otro lado de la calle, y ya saben, uno es hombre y debe cumplir su propósito de macho en la vida, copular y evitar reproducirse. La última vez que quise ser amistoso con la gente, me sucedió una tragedia: me había servido con mucho esmero un rico plato de puré de papas con chuleta (ojo, asada, no frita), y una jarra personal de jugo de maracuyá granizada, cuando por Messenger me mandaban zumbidos para solicitar mi encamadora presencia. Asímismo, al cabo de unos segundos, sonó mi celular para advertirme que me había llegado un mensaje de texto, y en el recorrido para agarrar el pinche celular, suena el teléfono de la casa. No tuve más remedio que devolverme y contestar, resultó ser un sujeto conocido mío al que le había encargado "conseguir" a como dé lugar fichas para jugar póker. Cometí la cojudez de permitirle que hable sobre sus vivencias en el trabajo, y en medio de su conversación, podía escuchar dos y tres zumbidos en el messenger, aparte de que había llegado un segundo mensaje a mi encamador celular. Los minutos de aburrimiento parecían eternos, sólo para terminar la llamada comunicándome que fué imposible conseguir las fichas, ya que aparentemente en Guayaquil no existen para venta al público. Al enterrar la bocina en el teléfono, en el messenger me habían puteado a la madre por no aparecer, y los mensajes de texto eran: el primero, de una chica que deseaba, con todas sus fuerzas, culear en ése momento; y el segundo era una variedad de ideas para que me vaya al cuerno por no responderle. Y mi plato de puré se había agriado de tanto esperar. Verga, ni más con ustedes, jódanse.
Disculpen por haberme, no sólo desviado del tema, sino irme barranco abajo, irrespetando el título de éste artículo, pero no puedo dejar pasar una espléndida oportunidad de poner en manifiesto mi discordancia con el 90% de la gente.
Ahora, yéndonos al tema de la Metrovía, escuchar a la gente quejarse, es como sentir que tienes caquita en tu ano, como si tu vecina más rica prende una fiesta de reguetón y ha traído a sus parientes que no veía hace años, poniendo "Changa" a todo volúmen a eso de las 4 de la mañana. Así de cabreante es eso.
Maderas de guerrero |
Así que el otro día me subí a la Metrovía. En mi estreno, de entrada me molestó la música, sinceramente opino que hay cosas que no se le deben adornar nada con música, y ése es el caso del bus del metro. Del resto, la efectividad al llegar de una estación a otra, la capacidad de personas en un solo bus, y el precio, carajo, ya no se puede más.
Hoy en día parece que está de moda odiar y quejarse, que no me gusta el presidente, que no me gusta mi colegio, que no me gusta aquello, lo otro, blah blah blah.. ¿se han parado a preguntarse si en verdad no es que están repitiendo como loras tercermundistas las quejas de otros gays?. ¿piensan antes de hablar? ¿Te gusta eso de la libertad de expresión porque supuestamente nadie te va a martillar con tacos forrados de escroto cuando digas algo erróneo y totalmente equivocado? ¿qué tus padres aún te cambian los pañales? ¿me estás leyendo bien, zorro?.
No sé qué mismo es lo que esperan. Yo creo a veces que el boom petrolero por allá en los años 60 y 70 nos dejó mal acostumbrados, como los "nuevos ricos" cuando no saben qué mismo se hace con una tarjeta de crédito, como que nunca han tenido riqueza en su vida. La metrovía es un servicio justo para una persona como TÚ. Si esperabas un crucero como el Queen Mary pero con 8 ruedas, jódete y cállate. Pasando por un profundo análisis, mientras comía una funda de tostitos mezclados con paté de atún, creo haber encontrado cuál es el problema con la gente que usa el Metro:

| Tomado del sitio oficial de la Metrovía en Guayaquil. Lo que ves ahi arriba no es nisiquiera un manual de instrucciones. Es la forma como se supone debes comportarte no sólo en la Metrovía, sino en cualquier medio de transporte terrestre público, jetón. |
Pero mi aguda vista me avisó del error que causa el problema:
| El Diseñador Gráfico repitió el mismo dibujo en el tópico que está marcado con un círculo. Bruto. |
Ahora pasemos a la queja mayor: La entrada y salida de pasajeros. Por eso no me gusta el ambiente de izquierda que se vive en el País; ahora todo lo quieren hacer por izquierda, y nisiquiera eso, sino por donde chucha entre. Como buenos machos de derecha, al manejar, al caminar, al fornicar, todo se debe hacer por derecha. Ustedes saben que los japoneses están orates, y ellos van por la izquierda, y mira la mierda de animé que nos arrojan y los otakus que lo tragan. Pero tú mi padawan, tu debes arreglar este continente sudamericano, tú debes ir por la derecha. Si tan solo (y lo digo con la mayor paciencia y dulzura que mis pulmones pueden resistir) todos se pusieran de acuerdo para entrar por su puerta derecha, nada pasaría. Yo no estaría haciendo un artículo cuando bien podría estar jugando orinando sapos en mi patio, y tu no te estarías quejando por idioteces, a lo latino.
¿Que la metrovía se llena demasiado en las horas pico? ¿Y? Nisiquiera yo, que me incomoda tener a una persona a 5 metros de mí, me molesta el hecho de que en un sólo bus alcanza para 160 personas ( de éstas, 37 pueden ir sentadas, si es que los zánganos lo permiten). Ustedes parecen solo vivir para quejarse. Y si no hubiera suficuente capacidad, también reclamarían al periodista cazador de turno. ¿Que van muchas personas paradas? hablen serio, para el poco ejercicio que hacen, al menos den las gracias que les ponen pruebas de resistencia física. En serio, ustedes estaban esperando una limosina popular, con un minibar y aire acondicionado, como esas fantasías que les meten los videos de reguetón.
| Imagen del interior de la Metrovia cuando esta "algo vacía". (tomado del blog "El Trocito de Sebastián"). |
| Imagen de la Metrovía cuando está llena. |
| Imagen de la Metrovia, tomada por mi, cuando estaba totalmente repleto. La parte negra es la falda de una estudiante universitaria. |
Y bien, debo terminar diciendo que esto en realidad es un encame a la gente que se queja por la Metrovía, pero el título es vendedor. Paz a los hombres que aman al Encamador.
¿Eres tercermundista?
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