Yo era feliz.
Hace más de 15 años, mi mamá me llevaba a comprar ropa en el centro de la ciudad. Tomándome de la mano, teníamos que caminar varias cuadras antes de llegar a la Bahía. Como toda familia de buen sustento económico, no era raro que por ahorrarse unos cuantos sucres (en ese entonces), las cosas se compraran en la Bahía.
Uno de los vagos recuerdos que tengo de aquella tarde soleada, es que mi mamá me llevaba de castigo a comprarme zapatos negros para matricularme en una escuela a la que yo no quería ir. De hecho, me rehusaba tajantemente a meterme en escuela alguna, porque eso me quitaría horas de diversión, entre otras cosas. Además de que no me parecía bueno el sistema educativo que se aplicaba en el kinder ese, donde con maripositas y florcitas querían enseñarme las coasa básicas.
Estoy seguro que mi mamá me llevaba a la Bahía porque sabía que ese lugar no me gustaba. Hay que ver que desde chiquito las personas buscaban toda clase de maneras de joderme la vida.
En la esquina del edificio de los correos, mientras mi mamá me llevaba de la mano, hubo un momento que mientras yo miraba distraído los locales del otro lado de la calle, seguramente mi mamá también miraba del lado opuesto; a lo mejor los productos de los vendedores ambulantes le llamaban la atención. El asunto es que, debido a la gran cantidad de gente que circulaba, por un instante una persona se cruzó entre nosotros dos, obligándome a soltar la mano de mi mamá.
Sin darle la mayor importancia, continué con la mirada distraída hacia la calle, y creo que no habrá pasado ni 5 segundos, cuando por costumbré busqué la mano que me tenía. Como quien se agarra de un cordel para tender la ropa, tomé la primera mano que estaba junto a mi, y seguí caminando.
Tal como se ven en las caricaturas, a los pocos segundos, la persona a la que le había tomado de la mano y yo chocamos miradas. Yo no era su hijo y ella no era mi mamá.
Busqué con la mirada entre la bola de gente que caminaba sin mirar hacia abajo, pero no divisé dónde se había metido.
Lo primero que pensé era en la buena fortuna que tenía en haberme alejado de mi madre. Rápido busqué lugares donde pudiera divertirme y encontré las salas de videojuegos. Sólo recuerdo que al llegar la noche, tuvieron que botarme porque ya cerraban el local.
Supuse entonces que mi mamá estaría muy preocuoada; yo tenía la billetera con todo el dinero (la estrategia de mi mamá era que si nos asaltaban, ningún ladrón se atrevería a buscar entre mis pantalones por tratarse de un niño pequeño).
Pedí un taxi a que me llevara a un restaurante, allí a os dueños les dio pena mi caso (o por lo menos el drama con las que se los conté) y me dieron asilo y comida por muchos años, hasta que de tanto ahorrar obtuve lo que hoy todos saben. Con el crecer en la calle adquirí algunas costumbres y aprendí algunos excéntricos hábitos que ya habran notado.¿Que cómo estudié? Soy autodidacta, o mejor dicho, cuando nací, ya me sabía un montón de cosas.
Es así como durante muchos años, he estado contento viviendo en la más absoluta paz en mi casa. Algún tiempo atrás, cuando me fuí a Quito a obtener aún más dinero, me enteré al regreso que una pareja me estuvo buscando. El miedo se mezcló en mi sangre, y esa misma noche empaqué todo lo que tenía y busqué otra casa donde alquilar.
Ayer he aprendido de la peor manera que el "efecto mariposa" es una cosa de la que no hay escape. No gano nada con enojarme conmigo mismo por el hecho de que mis padres localizaron la casa donde yo vivo por culpa de mi propia lengua. Hace varios meses, cuando me fuí a tinturar el cabello de verde, comentaba con la señora estilista el cómo me había perdido de mis padres. Jamás pensé que dar detalles del incidente, como fecha hora y lugar, meses después mandaría a la mierda mi paz y quietud. Resulta que le comentó mi historia a una señora que una vez entró a realizarse un corte de pelo. Esa señora era mi mamá.
Ayer tocaron mi puerta muy temprano en la mañana. Como yo pensé que los Testigos de Jehová a los que alguna vez los saqué corriendo del barrio echándoles agua de pescado habían regresado, cometí el error de abrir la puerta para encararlos. Eran mis padres. No pude reaccionar rápido, se habían metido a mi casa ya. Mi mamá comenzó a hacerme cosas gays como abrazarme y gritar muy fuerte lo mucho que había crecido. Mi padre por su parte, revisó la cocina y la nevera.
Yo estaba espantado, desmoralizado, mi vida estaba arruinada. Corrí al último lugar seguro del mundo: mi cuarto. Les grité desde el interior que no los voy a dejar vivir en mi casa, pero cerrar la puerta había convertido mi habitación en una prisión.
Ellos no se han ido, hicieron lugar y creo que están durmiendo en el piso de arriba. Tengo que ser silencioso por las noches y tratar de no hacer ruido cuando salgo a la cocina a eso de las 4 de la mañana para comer algo. Esto es horrible.
Como necesitaba salir a joder con unos panas, temprano en la mañana sólo alcanzaron verme salir corriendo por la puerta. Se han dedicado a entrar a mi cuarto y revisar mis cosas en mi ausencia, Encendieron mi computadora y se pusieron a andar en mi canal de YouTube con lo que descubrí una cosa espantosa sobre ellos que hace ,ahora más que nunca, desee que los acontecimientos de la película 2012 sucedan en éste mismo momento y quedarme sólo en el planeta: mi mamá es fan del anime y mi papá es enfermo del fútbol.
Me cago en los ángeles, en los santos, en vosotros, hermanos, que intercedáis por mí ante Dios, vuestro señor, carajo.
Y obviamente descubrieron mi página, y hoy mi mamá intentó regañarme por mi encame a las pornos, mientras mi padre, lejos de enojarse, me sacó a dar una vuelta en su auto. Cuando fuimos a poner gasolina, lo puteamos a un correísta que se había metido en la fila porque según el, había que perdonarlo por eso del "buen vivir" que profesa la Consititución. Me llevo bien con mi padre y creo que salí a él.
Pero mientras escribo este artículo, allá afuera de mi cuarto están mis padres, revisando toda mi casa como que nunca han estado en una. Mi mamá quiere ganarse mi atención preparándome ricos dulces (aún recuerda que mi postre preferido es el flan), pero me los como y no le doy el gusto. Mi papá no ha dejado de usar mi máquina de gimnasio, pero temo salir de mi cuarto porque se pueden meter a ver mis cosas. Ya no puedo meter peladas, y ni porque no me he quitado la pintura en la cara se espantan. Verga, se me acabó la buena vida.
SI VIENES A REÍRTE DE MI DESGRACIA, MEJOR NO ME ESCRIBAS.
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