
En aquel día que se celebraba el cumplimiento de la profecía inca de Atahualpa (mi fecha de nacimiento), viví en carne propia lo que asumo todo joven contemporáneo pasa al sumarse un dígito a su edad. Creo que es el único día donde me despierto vertiginosamente a las 5:30 de la mañana, y no por mi encamador insomnio, sino por el furor que causa en mí la fecha. Y no es para menos, porque los hombres que vivimos absolutamente solos en una casa muy grande, desarrollamos una masculinidad tal, una plena seguridad de que lo hemos hecho bien, que nos parece ilógico, inadmisible, inaudito, que el resto de las personas no estén preparando algún obsequio, ya sea en tributo, reconocimiento, o simplemente agradecimiento por alguna pequeña ayuda que tal vez (conciente o inconcientemente) le haya brindado a una persona X.
Yo he hecho reír a muchas personas con mis videos y con mis escritos. Asímismo les hago cosquillas al intelecto de un buen puñado de gente que me encuentra en la calle, pasa por mi casa, y me burlo en persona de los que están equivocados. También le agrado a una señora gordita que me sabe vender rico encebollado por las mañanas, y así una que otra persona más, que yo sé quienes son.
Por lo tanto, me parece hasta una operación matemática con un resultado inamovible, que reciba obsequios en el día de mi cumpleaños.
Como eran las 10 de la mañana y lo único que había recibido era un par de medias nuevas, aplastadas hecha bola, y que me las habían tirado por la ventana (como para no tener la incómoda situación de decirme "Feliz cumpleaños, Encamador"), además de una llamada equivocada, me quedó claro que iba a comenzar un día de mierda. Pero no tenía por qué depender de la buena voluntad de la gente, así que yo mismo me las arreglé para darme un feliz cumpelaños del carajo: me preparé un suculento desayuno.
Felizmente sé cocinar algo, y eso me ha permitido imponer mi masculinidad solitaria, a la hora de la verdad, nada me parece más sano que la comida preparada en casa. Como dato adicional, noté que se me había agotado el tanque de gas, asi que abrí la puerta de mi casa y me dirigí hacia el local expendedor de gas más cercano a caleta. Cuando me quiso cobrar el tanque, le informé que era mi cumpleaños, así que me parecía que, al menos por hoy, todo debería ser gratis parta mí. Como el hombre ese me miró con mala cara y empezó a tartamudear algunas maldiciones, terminé pagándole el valor del tanque de gas nuevo. Me hubiera gustado tener una caja de fósforos en ése momento, pero bueno.
Así fue como me cociné un arrocito, pero una vez más sentía que no me merecía eso, yo me merecía más, así que me dí un gustito y aumenté un poco la ración de comida cumpleañera:
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JA JA JA.. ¡Mentira! De hecho me preparé DOS platotes de comida, y en lugar de usar cuchillo y tenedor (señorito marica) usé la navaja y cuchara para comer (hombre curtido en arrechera). |
Y por si fuera poco, para beber, una buena botella de tres litros de Cifrut (de las que aún conservo) granizado. Ojo, la botella entera era para mí. |
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Tuve una comida de rey... bueno, de rey latinoamericano. Comí y bebí hasta decir "basta". Temía que la imprudencia de atragantarme tanta comida me pusiera en un estado de pesadez el resto del día, lo cual no me convenía porque, como conozco a mi cuerpo, necesito estar en constante actividad. Me tomé una de esas pastillas efervescentes que ayudan a la digestión, y no me moví de casa hasta que mi organismo terminara su misión defecadora, que fué al cabo de unas tres horas más o menos.
| Como mi sed no fué saciada, también recurrí al Jugo del Valle. |
Ahora que ya estaba totalmente listo, agarré la pequeña lista de contactos que poseo, y llamé a los sujetos que conozco que tienen carro propio. La gran mayoría de ellos se me hicieron los locos, yo lo único que sé es que el mundo da vueltas y no parará. Al menos uno de ellos, se ofreció a la aventura cumpleañera encamadora, junto a otros sujetos más. Ahora que el transporte estaba asegurado, lo que faltaba era la compañía femenina. A riesgo de que me enviaran peluches o tarjetitas, recuerdo que llamé a no menos de 5 mujeres. Todas ellas o no me contestaban, o tenían el celular apagado. Una de ellas me dijo que tenía que presentar unas auditorías al SRI, así que no me podía acompañar, y a otra le pareció más importante la fiesta del cumpleaños de su hermano que yo. Bacán.
Esperé pacientemente más de una hora, mientras escribía una notificación para mis lectores en la web. Me metí al baño y me duché con jabón de avena. Me vestí para la ocasión y me pinté la cara de tricolor. A pesar de que se retrasaron en llegar por 2 minutos y 23 segundos, no les dije nada y me embarqué en el vehículo y nos fuimos con rumbo a donde el relajo llame. Recuerdo que por el retrovisor ví a una chica bien vestida subir las escaleras de mi casa con unos paquetes de colores, pero ya no pude ver más porque doblamos la esquina.
Primero fuimos al Cerro Santa Ana, donde el viento y la vista de la ciudad me hizo imaginar que todo ardía como la antigua Roma. Apreveché que estaba en la parte posterior de la iglesia que se encuentra ahí, para hacer una pillería que quería hacer desde hace mucho tiempo: me bajé la bragueta, saqué a relucir mi pene, y me eché una meada alta desde el borde. Alzé el chorro para ver si le atinaba a algo, y me recordó a las meadas que arrojan en el Monumental en los partidos de Barcelona. No sé a qué o quién ele habrá caído mi chorro bendito, porque la verdad no se veía bien hacia abajo. Tal vez no meé lo suficientemente potente como para que llegue a las calles de abajo, asi que presumo que simplemente no le cayó a nada. Como mis amigos se me pusieron intranquilos, me regresé. Y sí me subí el cierre.
Luego de bajar los 444 escalones, nos dirijimos por el túnel hacia el norte. Al estar cruzando el túnel, se me vino a la mente la escena del Joker, así que saqué la cabeza como perro para sentir el aire correr. Una señora que manejaba nos vió raro.
Llegando a una de las principales avenidas del norte, los testarudos de mis amigos insistieron en beber licor. Como estaba totalmente desarmado en ese momento, no me quedó más que aceptar la jodida libertad que existe en el país y dejar que ellos compren lo que quieran. Mientras bebieron, seguíamos conversando de las cosas del mundo y otras cosas de hombres. Claro que no faltó el que toque el tema de las relaciones de parejas, e inevitabemente me sonó la melodía del "Pelo Quinto" de Luis Rueda allá cuando tocaba en la Trifulka, y es que era verdad: Hablan tanto de mujeres y ninguna tiene novia.
Ellos no lo habían notado, pero se cruzaban a cada rato ricas peladas, y eso hacía que uno de mis testículos se sacudiera como perrito mojado. Recordé que portaba un preservativo, y me dirijí a los muchachos para proponerles la idea de conseguir unas golfas. Pero como mi jodida suerte es tan grande, que cuando te pones a buscarlas parece toque de queda femenina, al rato de la hora no aprecía una, pero apuesto a que si no estuviera interesado, hasta me tropezara con un festival de ellas.
Bueno, otras cosas más pasaron, y para qué negarlo, jodí la ciudad hasta donde se pudo. Ya de regreso a caleta, me habían dejado un cubito rubick de regalo (desgraciadamente desordenado, carajo) con dos tarjetas de cumpleaños. Entré y un maldito gato había hecho mierda la funda con la basura que había sacado de la mañana, y habían puros huesitos de pollo regados. Al hijueputa gato ese lo llevaré a los crematorios de algún Chifa.
Me hubiese gustado que el alcalde Nebot me hubiera mandado alguna clase de saludo, o que la Vivi Parra me cante por televisión "Happy Birthday Encamador" así como Marylin Monroe le cantó a John F. Kennedy. Pero bueno, ya habrá otro cumpleaños. Aunque no me lo crean no estoy molesto.
Después de todo, con las dos ojivas nucleares que me vendieron los coreanos, ¿por qué amargarse ante personas como ustedes?
Mándale un buen correo a la mejor persona de Ecuador
